
Cada vez más, empresas, universidades y organismos oficiales se unen para generar redes productivas para la interacción entre emprendimientos y el fomento del desarrollo económico.
Si hay algo que caracteriza al rubro de la tecnología es la rapidez con que nacen nuevas empresas, que suelen comenzar como PYMES, y son altamente efectivas a la hora de dar una respuesta rápida a necesidades concretas de la sociedad.
Estas compañías, además, son emprendimientos de alto valor agregado y requieren recursos humanos muy capacitados por lo que generan un valor y rentabilidad más que atractivo, tanto desde el punto de vista empresario como social. Es un sector que mueve 400 millones de dólares en exportaciones, y el 70% de toda está industria está localizada en la Ciudad de Buenos Aires, si bien en los últimos años se han expandido por el territorio nacional.
Por todas estas características, hace ya tiempo que Argentina viene impulsando, a distintos niveles de organismos gubernamentales y asociaciones empresarias, diversas medidas y estímulos que facilitan y promocionan el crecimiento de éste nicho.
Un eje de las políticas públicas que promueven prácticas innovadoras en las empresas lo constituye el estimulo a la creación y consolidación de un tejido productivo local o regional. Diversas propuestas, llevadas adelante por empresas, universidades y organismos oficiales, siguen este camino: utilizar diferentes mecanismos de interacción para generar una estructura colectiva de empresas que se instituya como red, consorcio, grupo, bloque, cadena o complejo productivo y aumentar así los beneficios particulares de los emprendimientos y el bienestar general de la región.
Ambientes interactivos, como los parques tecnológicos, parques científicos u otras incubadoras, están siendo cada vez más utilizados en Argentina para estimular el desarrollo local, alentando el establecimiento de compañías de alta tecnología o forjando vínculos entre estas últimas y la industria tradicional.
Estos conglomerados cooperativos de empresas se consolidan en el país como prácticas innovadoras destinadas a mejorar la competitividad, atraer inversiones y mejorar la vinculación comercial nacional e internacional.
En ese sentido se cuentan diversas leyes nacionales y provinciales, además de resoluciones municipales que han generado regímenes especiales, que buscan la inserción, desarrollo e instalación de nuevas industrias de cuño tecnológico en Parques, Incubadoras, Zonas francas, barrios, etc.
De hecho, es tan amplio el impulso que es útil repasar algunos de los beneficios concretos:

