
Los cultivos de vid fueron introducidos en Salta por los jesuitas españoles en los Valles Calchaquíes, especialmente en Cafayate.
En esta provincia se hallaba la mejor altura para el cultivo de los viñedos, con el suficiente sol, terrenos en pendiente, una gran amplitud térmica, de días cálidos y noches frescas, y un suelo de piedras y arena regado por el agua de las montañas. En esta provincia del noroeste argentino prevalece la cepa del Torrontés, que se distingue por su intenso sabor y aroma frutados.
En los Valles Calchaquíes los turistas pueden recorrer los departamentos de Cafayate, San Carlos, Angastaco y Molinos. Entre las cepas tintas, que constituyen más de la mitad del total cultivado, se destacan el Cabernet Sauvignon, Malbec, Tannat, Bonarda, Syrah, Barbera y Tempranillo.
Algunas de las bodegas de esta provincia que se pueden visitar son La Banda, Colomé, Etchart, La Rosa-Michel Torino, Nanni, Humanao, Tacuil, San Pedro de Yacochuya, Animana, Orfila, Finca las Nubes, Etchart, El Porveninr y Félix Lavaque. La ruta del vino comienza en la capital, Salta, cruza el Valle de Lerma y finaliza en Cafayate.
Cuando el Valle de Lerma queda atrás, la Quebrada de Escoipe y la Cuesta del Obispo llevan hasta el Valle Calchaquí, donde a los 2.280 metros de altura se encuentra el pueblo de Cachi, con viñedos que, al igual que en Seclantás, producen vinos artesanales. Por otro lado, en la antigua localidad de Molinos se extienden los viñedos de altura y los artesanales.
Más adelante, en Colomé se producen la variedad Cabernet-Malbec y el vino frutado. La ruta sigue por Angastaco, San Carlos y Animaná. Finalmente Cafayate, rodeada de viñedos y bodegas, celebra en octubre la Fiesta del Torrontés.