Por Julián Varsavsky.
Cuando uno se para frente al “alerce abuelo”, en pleno bosque andino-patagónico, impresiona pensar que está a los pies de uno de los seres vivos más viejos del planeta. Cuando ese gigante de 58 metros de alto era un retoño, el hombre todavía estaba en la Edad del Bronce. Y en el transcurso de los 2600 años entre aquel momento y hoy, nació y cayó el Imperio Romano, ardió Constantinopla, Colón llegó América y Armstrong caminó sobre la luna. Dos bombas atómicas estremecieron la tierra y cayeron también las Torres Gemelas. Y mientras tanto, el “alerce abuelo” siempre estuvo allí, incólume en su misma porción de tierra de tres metros de diámetro, brotándose de hojitas tersas cada año, como en una parábola de la eternidad.
Visitamos el Parque Nacional Los Alerces desde la ciudad de Esquel en un bus que seguía los caracoleos del río Arrayanes y su curso verde-esmeralda. Y al descender del vehículo junto al Lago Verde un sendero de 800 metros nos llevó hasta Puerto Chucao, en el Lago Menéndez.
Como llegar:
Por avión, Buenos Aires-Esquel por Aerolíneas Argentinas. También se puede llegar en autobús desde Buenos Aires (18 horas en coche-cama) o desde Bariloche. Desde Esquel se llega al Parque Nacional Los Alerces por las rutas nacional 259 y provincial 71. En Esquel hay agencias de viajes que ofrecen excursiones al parque y también transportes públicos.
Clima:
El invierno suele ser muy frío y en otoño y primavera los días son templados, mientras que las noches son bastante frías. El verano tiene temperaturas muy agradables, aunque de todas formas hay que llevar abrigos porque un día ventoso puede llegar a ser frío también.
Cuando ir:
Esquel se puede visitar todo el año. En el invierno el atractivo principal es el centro de esquí La Hoya. Los meses de otoño sobresalen por el colorido rojizo y amarillo del paisaje por el color de las hojas de los árboles. Y el verano es la mejor época para disfrutar de los paisajes al aire libre.
Cruzamos el lago navegando en catamarán entre una muralla verde de árboles altísimos y al pie de una cadena de montañas con sus picos nevados. En pocos minutos bordeamos la Isla Grande -poblada por cauquenes y martines pescadores-, donde el lago se divide en dos brazos. Y de repente aparecieron los glaciares de altura del Cerro Torrecillas, que resplandecían a 2.250 metros de altura
Al desembarcar nos internamos en el bosque por una pasarela de madera que nos condujo por una especie de túnel de caña coligüe. Y siguiendo la recomendación de los guías de permanecer en absoluto silencio, nos dedicamos a descubrir el repiqueteo del pájaro carpintero negro, la caída de una rama y la vibración del refinado picaflor de Corona Rubí.
La selva se volvió una compacta bóveda vegetal con el suelo alfombrado de vistosas flores, helechos y hongos. Finalmente llegamos a la zona habitada por los alerces, y en cierto momento ya estábamos rodeados de esos imponentes colosos.
Alojamiento:
En la ciudad de Esquel hay 3 mil plazas para alojarse y las opciones van desde posadas hasta hoteles, camping, hosterías y muchos complejos de cabañas. También junto al Lago Futalaufquen –donde está una de las entradas al parque nacional- hay hosterías, cabañas y un camping.
Excursiones:
El Safari Lacustre al Alerzal milenario tiene salidas durante todo el año y las embarcaciones cuentan con servicio de buffet. El circuito de navegación hacia el alerzal milenario desde Puerto Limonao –con trasbordo en Puerto Chucao— dura 6 horas. La navegación desde Puerto Chucao –a donde se puede llegar navegando o caminando- tarda 4 horas. Más información: www.brazosur.com.ar
Gastronomía:
El corderito patagónico al asador es una de la especialidades en la zona, así como los platos con truchas de los lagos, famosas por su gran tamaño y sabor. También son típicos los postres de frambuesa, frutilla y grosella –cultivadas en la zona- y las tortas y tés con receta galesa en pueblitos cercanos como Gaiman y Trevelin.
Así como a las personas se les calcula la edad por las arrugas, la antigüedad de los alerces se mide contando la cantidad de anillos de su tronco. Cada año aparecen dos anillos nuevos, uno en primavera y otro en otoño. El método consiste en perforar el árbol hasta el centro del tronco y extraer una fina varilla de madera que sirve de muestra sin dañar al ejemplar. Cada anillo mide un promedio de 1 milímetro de espesor, el cual será mayor o menor en función de la cantidad de lluvias y el nivel de temperatura de cada año. De esta forma el árbol se convierte en un documento sobre los niveles de temperatura de la tierra, año por año, en los últimos tres milenios. Allí están registradas la ‘’pequeña edad de hielo’’ que afectó a la tierra alrededor del siglo XII, así como el calentamiento global de fines del siglo XX.
El alerce más antiguo que se conoce alcanzó los 3624 años –en la Patagonia chilena-, pero ya fue talado. El nombre original de estos árboles es lahuan, que en lengua mapuche significa ‘’abuelo, el que guarda toda la sabiduría’’. Y justamente, es el “alerce abuelo’’ la meta última de este viaje, al final del Sendero del Alerzal. Al llegar al pie de su grueso tallo, los viajeros se quedan mudos de asombro ante un sobrio cartel que dice: “Edad: 2600 años”.
Donde informarse - Clic acá
Casa del Chubut en Buenos Aires
Sarmiento 1172 Tel.: (011) 4383-7458 0800-666-2904
Imperdibles Parque Nacional Los Alerces
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