Por Julián Varsavsky.
Al ingresar en Villa General Belgrano por su calle principal tuve la sensación de estar en una aldea que desapareció de los Alpes suizos por un mágico sortilegio -con sus casas y su gente-, para cruzar el océano a través de la noche y reaparecer en el Valle de Calamuchita. En un paisaje de sierras se sucedían casas con techo de madera a dos aguas, restaurantes austriacos, alemanes y suizos, canteros con tulipanes holandeses y hasta casillas de teléfono público con sus techitos para escurrir la nieve, que por su puesto en la provincia de Córdoba no hacen falta pero quedan muy bonitos.
Por el medio de la calle venía caminando un monje negro seguido por bandas de música tirolesa –con acordeón, saxo y percusión- y miembros de las diferentes colectividades que pueblan hoy Villa General Belgrano, la mayoría de ellas de origen centroeuropeo pero también de Palestina, Siria y Argentina. Había llegado en pleno Oktoberfest, la Fiesta de la Cerveza inspirada en aquella famosa originada en Munich en 1810.
Villa General Belgrano surgió en la década del 30 al impulso de inmigrantes alemanes, suizos y austríacos que levantaron sus casas en un ambiente serrano con pinos, abedules, cedros y cipreses. El estilo arquitectónico es un reflejo del espíritu del pueblo, corporizado en casas de tejados rojos, paredes de piedra al desnudo y jardines llenos de flores. La madera barnizada es el elemento principal de la decoración y está presente en techos, balcones, ventanas y carteles con el nombre de calles y negocios.
Cómo llegar:
Se puede ir en avión a la ciudad de Córdoba y luego tomar un micro hasta Villa General Belgrano, que queda a 87 km. de la capital cordobesa. Desde Buenos Aires hay micros diarios hasta Villa General Belgrano que tardan 12 hs. En auto desde Córdoba capital se accede por la Ruta Provincial 5 y el Camino al Valle Azul de los Grandes Lagos.
Cuándo ir:
En 2009 la fiesta se celebrará el fin de semana del 2 al 4 de octubre y el fin de semana largo del viernes 9 al 12 de octubre. La fiesta transcurre por igual ambos fines de semana, pero en el segundo va más gente.
La calma absoluta y el reposo al aire libre están entre los dones que otorga este pueblo. Sin embargo, en pleno Oktoberfest, su encanto radica en exactamente lo contrario. La fiesta atrae multitudes, la música prolifera por doquier y se beben litros y litros de cerveza que aplacan la solemnidad innata del espíritu centroeuropeo, dando lugar al bullicio y al baile.
El Oktoberfest comenzó a las 13 horas de un día viernes con el desfile de las colectividades. El monje negro que encabezaba a la multitud era una mujer enfundada en una túnica con capucha negra, que en las aldeas de Baviera en el siglo XVI era un monje de verdad que preparaba cerveza. El intendente marchaba vestido de tirolés (enterito de pantalones cortos y sombrero con plumita). Otros desfilaban con su perro salchicha –o salchichardo, una mezcla de Salchicha con San Bernardo para el humor alemán-cordobés-, que son el símbolo de la fiesta.
Atrás estaban las carrozas cerveceras, la colonia holandesa, la rusa –enarbolando un estandarte con el escudo de San Petersburgo-, la suiza, la alemana, la austríaca y la italiana, cada cual con su indumentaria tradicional.
La celebración principal del Oktoberfest transcurre en un predio con un escenario a cielo abierto, a la sombra de altísimos árboles. A sus pies hay centenares de mesas de madera rodeadas por puestos de comida y stands de las principales marcas de cerveza, que parecen las casitas de un cuento de hadas con su correspondiente techito a dos aguas.
Alojamiento:
Para la fiesta de la cerveza los hoteles se llenan así que hay que reservar con anticipación. Lo característico son los complejos de cabañas en medio de la naturaleza, pero también hay hostales familiares, hosterías, hostels y un camping.
Excursiones:
Una visita muy popular en el pueblo es a alguna de sus cervecerías artesanales como Viejo Munich. Además de la excursión a La Cumbrecita, también se suele recorrer el cercano pueblo de Santa Rosa de Calamuchita, muy popular en verano por sus playas junto al río.
Gastronomía:
En las parrillas se asan suculentas salchichas frankfurt acompañadas con chucrut, y unas costeletas de cerdo que despiden una aroma delicioso que hace olvidar la cerveza por un rato. Para los postres hay torta selva negra -bizcochuelo de chocolate con crema y guindas- y el apfelstrudel con masa de hojaldre.
Sobre el escenario comenzaron a aparecer los gaiteros escoceses vistiendo polleras a cuadros, un ballet irlandés, otro ucraniano, unos zapateadores bávaros y grupos de música tirolesa que animaron la fiesta hasta las cinco de la tarde.
Al final de la tarde subieron al escenario los “espichadores oficiales” y el monje negro. El espiche consiste en abrir con un martillo unos huecos en varios barriles de cerveza para que el líquido comience a salir a presión mientras todo el mundo se amontona frente al escenario con un vaso en alto tratando de embocar algún chorro. Se dice que beber de esos barriles trae buena suerte, pero en los hechos lo único que consigue la mayoría es terminar bañado en cerveza y con los vasos tragicómicamente vacíos. Entonces sí, el fruto del espumante baño y de los ríos de cerveza que ya se arremolinan en las venas de los cerveceros surge efecto. Y todo termina con un gran baile colectivo de música tirolesa con las copas en alto. Solo resta decir “prosit”, que significa salud en alemán.
Dónde informarse - Clic acá
Casa de Córdoba en Buenos Aires, Rosario y Tucumán
Buenos Aires: Callao 332, tel.: 011-4373-4277/6566
Rosario: Mitre 737, Santa Fe, tel.: 0341-4493568
Tucumán: 9 de julio 18, San Miguel de Tucumán, tel.:0381-4218669
Imperdible Villa General Belgrano
En los faldeos de las Sierras Grandes, a 38 km de Villa General Belgrano, se levanta un pueblo peatonal en donde el ingreso de autos se limita al mínimo. Las alternativas son caminar o moverse en un autito eléctrico de golf que no contamina. Y entre los bosques de pinos, robles y abedules se esconden casas de estilo alpino y cabañas de madera donde alojarse a la vera de un arroyo.