
En septiembre llegan estas simpáticas aves a Punta Tombo, en la provincia de Chubut. Más de 200 mil parejas arriban a la costa para reproducirse y conformar la colonia más grande del mundo.
Uno de los planes turísticos más entretenidos es presenciar el quehacer de los pingüinos “in situ”; sus breves pasos y porte elegante, sus peleas por el territorio, los cortejos o el celo con el que protegen sus nidos.
60 centímetros y una franja blanca en torno a la cabeza, cuello y alas, arriban todos los años a la estrecha franja de Punta Tombo. Allí es donde desde septiembre se aparean, anidan, tienen su descendencia y cambian el plumaje, para luego emprender viaje hacia el noreste de Sudamérica.
Los turistas pueden observar a estos seres algo hoscos y poco dóciles todo lo que deseen, pero… ¡ojo con tocar algo! Cualquier alteración del hábitat de la pingüinera es perjudicial para los pingüinos, que emiten sonidos como rebuznos cuando quieren alejar a los entrometidos. De ahí que también los llamen los Pájaros Asno.
Las hembras llegan en septiembre. Después de la cópula, tanto hembras como machos construyen y defienden el nido, incuban los huevos durante 40 días y alimentan a los pichones. En noviembre nacen los polluelos, a los que sus progenitores deben alimentar mediante excursiones periódicas al océano.
En enero, los polluelos que han logrado sobrevivir a los picotazos de las aves predadoras se animan a alejarse de los nidos y en febrero o marzo emigran.
La torpeza y rigidez que muestran estas aves en tierra se esfuma cuando se zambullen en el agua. Son expertos nadadores y en el mar poseen una velocidad de hasta
Cómo llegar
El acceso a Punta Tombo es por la Ruta Provincial Nº 1, a 200 kilómetros de Puerto Madryn y 100 de Trelew. Son 107 Km de ripio, mantenidos diariamente durante la temporada alta, pero de difícil maniobralidad por las piedras sueltas. El recorrido dura entre 1 hora y media y 2 horas.