Patagonia, una marca argentina

Varsavsky
Julián Varsavsky
Licenciado en Ciencias de la Comunicación, UBA. Periodista del suplemento de turismo del diario Página 12 desde 1998. Editor periodístico de la revista Recorriendo la Patagonia desde 2004. Productor, guionista y editor de documentales. Fotógrafo especializado en turismo.

En cierta ocasión, unos amigos de Paul Valéry llevaron al famoso escritor francés a recorrer unos célebres paisajes europeos, sin dudas hermosos, ante los cuales el poeta se preguntó con voz resignada: ¿Por qué insisten en mostrarme siempre el mismo paisaje en todas partes? Valéry nunca estuvo en Argentina, aunque se podría conjeturar que si lo hubiesen traído a la Patagonia, el autor de Eupalino seguramente hubiera enmudecido.

Como la Amazonia, la Antártida, el desierto del Sahara o la estepa de Mongolia, la Patagonia está en el imaginario popular, ya desde las lecturas juveniles como El faro del fin del mundo de Julio Verne, y por los documentales científicos sobre su fauna actual y los dinosaurios.

La palabra Patagonia es considerada una marca turística de alcance mundial que evoca la idea de unas tierras vastas, remotas y semi despobladas, donde hay un glaciar famoso como el Perito Moreno. Este glaciar de la provincia de Santa Cruz ofrece cada unos cuatro años el espectáculo mediático de un gran puente natural de hielo que se resquebraja de a poco y se desmorona de un sopetón frente a las cámaras del mundo, que llegan para filmar el estruendo apocalíptico de su ruptura final.

En la Patagonia también se asiste al espectáculo “sentimental” de las familias de pingüinos en sus nidos, al cortejo de las ballenas francas que se aparean en público, y se observan algunos de los lagos y montañas mas idílicas de toda Sudamérica.

Tan potente es la Patagonia como idea –y como marca-, que muchos extranjeros no muy bien informados creen que es un país. Se equivocan, por supuesto, porque la Patagonia es una región geográfica dividida entre Argentina y Chile. Pero la confusión es entendible, porque sus proporciones tienen algo de continente o de pequeño universo perdido en el ventoso “fin del mundo”.

Allí están el remoto Cabo de Hornos -una especie de “esquina del mundo” descubierta por Magallanes en el siglo VXI-, los restos del Argentinosaurus Huenculensis -el dinosaurio más grande jamás encontrado-, La Cueva de las manos y sus 829 impresiones aborígenes de casi diez siglos de antigüedad, y varios bosques con troncos petrificados de cuando toda la Patagonia fue una gran selva subtropical hasta que surgió la Cordillera de Los Andes y la dividió en dos: una mitad en el actual Chile junto al océano Pacifico, y otra en Argentina frente a las aguas del Atlántico.

Mercado potencial
¿Por qué viajar a la Patagonia? ¿Por qué invertir allí en infraestructura? Porque en sus remotas tierras hay mucho para ver y por hacer. Hay un medio ambiente puro y poco contaminado que se pretende preservar. Y se abre al mismo tiempo un potencial de negocios que gracias a las nuevas condiciones económicas con que la Argentina está resurgiendo en la arena internacional, permite que la capacidad hotelera de los destinos clásicos aumente de manera exponencial. Pero también hay sectores no tan conocidos de la Patagonia donde los inversores están apostando a mediano plazo -Caviahue, Villa Pehuenia, Villa Traful, El Chaltén-, instalándose en mercados en desarrollo que les permiten posicionarse como los primeros en llegar a una zona donde el turismo crece sin cesar.

Los estudios de marketing demuestran que en el mundo se identifica a la Argentina con el tango, la Patagonia, la carne y el fútbol. Y quien escribe estas líneas es un admirador acérrimo de todas estas cosas en general, y por sobre todo de una en particular, que a esta altura del texto ya no hace falta volver a nombrar. Es esa tierra de geografía extremista que va de los grandioso e inabarcable a lo minimalista; y de la exuberancia vegetal a la aridez absoluta.

En la historia
Muchos hombres, a lo largo de la historia, sucumbieron al influjo de la Patagonia. Además de Magallanes y Charles Darwin, el español Pedro de Valdivia quiso conquistar el lado chileno de la cordillera en tiempos de la colonia, provocando la rebelión de los caciques Caupolicán y Lautaro en 1553. Y según los testimonios de la época, antes de matarlo los indígenas obligaron a Valdivia a beber oro líquido para apagar su sed de ambición. Así y todo no hubo forma de atenuar la fuerza del mito, en especial el de Trapalandia o Ciudad de los Césares, que según testimoniaron unos náufragos del siglo XVI, existía al pie de los Andes en el lado argentino de la Patagonia. Trapalandia era una especie de paraíso lleno de riquezas donde todo era felicidad y los hombres alcanzaban la inmortalidad. Así que varias expediciones se organizaron en busca de este escurridizo Edén. Un poco más realista fue un ingeniero rumano llamado Julio Popper, quien en 1886 llegó a Tierra del Fuego atraído por una fugaz “fiebre del oro”. Aunque muy bien no le fue, porque en la Patagonia el brillo predominante no es el dorado que enciende la codicia sino el blanquecino originado de una materia mucho más efímera que el oro: el hielo. ¿Qué otros elementos alentaron el magnetismo universal de la Patagonia? Algo tan simple como los grandes espacios vacíos de la llanura esteparia, que se diluyen en una mirada sin fin. Y también una historia de culturas indígenas cuyas hermosas cosmogonías explican el origen del mundo con simple poesía. Por eso estaban tan mal encaminados los primeros pobladores blancos de la Patagonia. Porque se internaron en el “fin del mundo” detrás de quimeras inexistentes que acabaron literalmente con ellos.

Hoy en día ese hechizo patagónico es muy distinto. Los viajeros llegan por millares y no buscan otra cosa que disfrutar de algunos de los paisajes más deslumbrantes del planeta. Por eso, quien escribe estas palabras, desearía invitar al viajero a explorar sin premura esta vasta región, compenetrándose con sus riquezas históricas y culturales. Allí se topará con un paisaje austero que por momentos estalla en colores glaciales y produce sensaciones tan contradictorias como la melancolía ante el vacío, el éxtasis frente a la primera visión del hielo, y la dicha reposada de los bosques al pie de la cordillera.

Universo multifacético por derecho propio, hay una Patagonia (o infinitas) para cada uno. En la Patagonia invernal los paisajes nevados adquieren la magia sugestiva del blanco y negro. El verano es la estación de los cielos azules y la vegetación muy verde. En el otoño los árboles de lenga y nire toman tintes rojos o amarillos. Y la primavera, paradójicamente, es la temporada menos colorida porque aun se sienten los efectos de la nieve que se acaba de retirar. En mi caso particular, llevo casi 20 años recorriendo la Patagonia. Y luego de extensas travesías en las que no he hecho otra cosa que viajar y viajar, me intriga cada vez más la sensación de no poderla abarcar jamás.

8 Comentarios para “Patagonia, una marca argentina”

  1. roman arguello soto dijo:

    Me gusta que JV rescate la dimensión binacionalde La Patagonia. La región debe venderse como una sola que involucra a la dos naciones. Hace falta crear un mecanismo de promoción que trabaje sin prejucios ni mezquindades por esta meta: la de instalar definitivamente a la Patagonia como un hermoso y deseado fin del mundo, paraiso desolado, páramo inasible, ruta para el más cruel de los polos, tierra de nadie y de todos. Rescatar el registro literario para nominar a esta región sin dueños.

  2. Agustina dijo:

    Perdón al resto de los paisajes de nuestro país, pero la Patagonia es el más bonito de todos! Lastima que lo estén vendiendo todo. Dentro de poco ya no va a quedar nada para los argentinos. Una lástima!
    Saludos
    Agus

  3. valeria dijo:

    la PATAGONIA ARGENTINA es realmente magnífica y todos los que tengan la posibilidad de visitarla háganlo, no tengan dudas no se van a arrepentir nunca pues es una EXPERIENCIA MARAVILLOSA QUE TODOS DEBEMOS VIVIR.

  4. Sandra Beltran dijo:

    quiero lAS PAYAS MAS BONITAS PARA VER SI ME GUST PARA VESITAR ESE LUGAR . ATENTAMENTE. SANDRITA BELTRAN TOBAR. PARA SERVIRLE

  5. Lucas Fernández dijo:

    Es muy bueno el artículo, y sin dudas Varsavsky tiene toda la autoridad para publicar este acercamiento a la Patagonia por su trabajo constante sobre la región.
    Pero hay un error que, al ser aclarado, incluso puede ayudar a saber un poco más sobre el Cabo de Hornos por la evidente asociación que su nombre tiene con las circusntancias de su descubrimiento.
    El Cabo de Hornos fue descubierto en 1616 por los hermanos Willem y Juan Schouten, dos holandeses que zarparon del puerto Hoorn (en honor al cual el Cabo lleva tal nombre) en una expedición al mando de dos naves, una de las cuales también se llamaba Hoorn.

  6. ana maria dijo:

    estoy en España y espero visitarlos el año que viene un saludo desde Sevilla

  7. mariano dijo:

    OJALA ALGUN DIA LA PATAGONIA
    SEA UN PAIS APARTE, LO DIGO
    COMO PATAGONICO QUE SOY

  8. laura dijo:

    Solo ví el vídeo que promociona la Patagonia, y fue suficiente para que me fastidiara ¿ No encontraron un fondo musical más representativo para ensalzar las imágenes? Este país adolece de buenos músicos ? La música nativa no representa a nada y a nadie ? Ultimamente he visto decenas de vídeos sobre la China, su cultura, su modernidad, su proyección y NI UNO SOLO, está musicalizado con sonidos occidentales o de otra cultura que no represente a la China. Si es que siempre estamos compiándonos del prójimo…. al menos, sepamos elegir a quien robarle las dieas.

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